5 Razones para cobrar por lo que hacés

Está en nuestra naturaleza amar los acertijos. Estamos locos. Obsesionados. La mayoría de nosotros. Adoramos los acertijos, los desafíos. No nos detenemos hasta encontrar la respuesta. Y mientras no la encontramos, nos molesta en lo más profundo del alma.

Amamos la fantasía de ser vistos como el caballero blanco digital que arregla el servidor, la computadora, el email, y todas estas cosas de la que la vida depende.

Lo amamos tanto que a veces tomamos decisiones horribles. A veces, lo hacemos “GRATIS”.

Todos hemos estado ahí. Un amigo, un vecino, un pariente, un buen cliente, una minita. Por quién haya sido, y por la razón que haya sido, les tiramos el hueso tecnológico y arreglamos algo de onda. En circunstancias extrañas, puede ser una experiencia enriquecedora. Quizá tu amigo te compró una birra. Quizá te dijeron “gracias” de forma honesta. Quizá la sonrisa en sus caras y el suspiro al ver que todo funciona fue suficiente recompensa.

Pero generalmente, esos cinco minutos que dijiste que ibas a tardar se convirtieron en 40, en una hora, en hacer horas extras. Guau. Y no lo viste venir.

Si lo rompés, lo pagás

Cuando te sentás a arreglar un problema que parece simpre, estás firmando un contrato. No un contrato legal, un contrato social. El dueño de la máquina está confiando su posesión, física y de datos, a vos. Es su nene chiquito, y vos sos el pediatra. Así que te sentás, y empezás a teclear.

En el proceso, de repente, algo más se echa a perder. Arreglaste una cosa, pero algo más se fue al garete. ¿Cuál es la mejor parte? Ni vos, ni el usuario se dan cuenta del fallo, hasta que un día después suena tu teléfono y hay una persona muy enojada al otro lado de la línea.

“Creí que lo habías arreglado!”, se quejan.

Esta es la razón principal por la que cobrás dinero para arreglar algo. Lo rompés, lo pagás. El usuario o el dueño esperan garantía de tus servicios, inclusive cuando ya recibieron todo el valor del tiempo que pusiste en arreglar el problema original, y vos recibiste nada a cambio.

Nadie respeta lo gratis

Asesoramiento gratis. Actualizaciones gratis. Entradas gratis. Nada de esto tiene valor. El asesoramiento gratuito es un egoísmo del usuario. Las actualizaciones gratis son algo que ibas a recibir tarde o temprano. ¿Entradas gratis? La banda que toca debe ser un asco.

La gente asocia el valor del servicio que reciben con la cantidad de dinero que pagan por el. De otro modo, ¿cómo puede un abogado cobarte $400 por una hora? La gente asume naturalmente que si el servicio cuesta un brazo y un ojo, entonces debe ser bastante bueno.

Entonces, si los clientes y amigos asumen que el auto más caro es el mejor, ¿que pueden pensar de un auto gratis? ¿Con cuál te quedarías vos para operar del corazón a tu vieja? ¿Con el cirujano que cobra $200mil o con el que te opera por un cajón de cerveza?

Además esperan que sea por siempre

En el ámbito de las leyes, el concepto de un precedente es de vital importancia. Los jueces y abogados suelen basarse en fallos ocurridos anteriormente para justificar la interpretación de las leyes. Si un caso se falló de tal manera anteriormente, las chances son que, se falle nuevamente de la misma manera.

Los apostadores que ganan un par de manos en la ruleta asumen que, por una ley divina, la buena suerte continuará.

Los usuarios asumen que si alguna vez arreglaste algo gratis, lo vas a hacer gratis toda la vida. Que no hay razón para respetar las miles de horas que has pasado aprendiendo e investigando el fino arte de la informática. ¿Porqué? Porque ya lo hiciste una vez, ¡y gratis!

Cuando ellos regresan y vos tratás de obtener algo a cambio, aparece la resistencia en la forma de “se supone que sos mi amigo”, “pero si somos parientes”, y “no me cobraste nada la última vez”.

Es tu deber profesional fijar la expectativa de que van a tener que pagar por el servicio. Demandar el respeto que tu conocimiento merece. Hacer entender que sos un profesional. A fin de cuentas, el cobro de honorarios es lo único que marca la diferencia entre un profesional y un amateur. Los profesionales son recompensados por sus habilidades.

La demanda crece con el tiempo

Dales la mano, y van a querer el codo y el cuello. Arreglá una mínima cosa, y vas a tener que pasar por actualizaciones de sistema operativo, dos infecciones de virus, un disco quemado y una cerveza en el teclado. Una vez que sentaste un precedente y creaste la expectativa de que sos el caballero de la espada digital, van a empezar a llamarte por todo. Van a chupar tu tiempo y tus recursos. No van a agradecerte, y van a responsabilizarte por las fallas futuras.

Debilita tu estructura

Trabajar gratis no sólo no es restable, sino que debilita tu constitución como consultor y experto profesional. Para muchos consultores, es difìcil cobrar por su trabajo. Ellos mandan un email una vez terminada la tarea y esperan que las estrellas se alineen y sean pagados. Esta práctica sólo lleva a balances financieros descontrolados, deudas, y señales de un negocio en decadencia. Los hechos son simples: si no pedís tu porción de la torta, nadie te la va a dar. Nadie firma cheques porque sí.

Fijar la expectativa, especialmente en el primer encuentro con un cliente, es vitalmente importante para establecer fronteras que digan “soy un profesional y debo ser pagado en tiempo y forma”. Trabajar gratis, regalando cosas, sólo lastima tu habilidad para la venta. Debilita tu credibilidad porque el cliente va a asumir que no quisiste cobrar porque en realidad no sabías si lo ibas a poder hacer.

 

Extraìdo de acá originalmente.